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Los latinos también corrieron en el maratón de NYC

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Tal vez no es la más bonita, ni es la que se lleva las mejores marcas, pero si hay una carrera que destaque de entre todas las grandes maratones mundiales, esa es la maratón de Nueva York; en la que los latinos también hacen historia.

La primera Maratón de Nueva York se corrió en 1970 y se llevó a cabo en su totalidad por las calles del famoso Central Park.

De los 127 participantes –el número actual de de corredores supera los 50.000-, únicamente 55 acabaron la maratón. Todos hombres.

La única mujer participante tuvo que retirarse.

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La salida de la maratón de Nueva York tiene lugar en los límites de Staten Island, en el Verrazano-Narrows Bridge de Brooklyn, en Nueva York, y finaliza en el famoso pulmón de Manhattan, Central Park.

La carrera atraviesa además los otros 2 distritos: Queens y el Bronx.

En esta ocasión, y bajo un cielo soleado, el Keniano Geoffrey Kamworor se quedó con la medalla dorada, luego de 2:08:13 de carrera, y se consagró como el mejor por segunda vez en los últimos tres años.

Latinos contando y haciendo historia en el maratón de NYC

Pero entre los más de 50 mil participantes, se encontraban algunos latinos cuyas historias son inspiradoras y prueba que la perseverancia rinde fruto.

Como lo es la historia de Guillermo Piñeda Morales. El maratonista de 46 años, nativo de Santa Ana Coatepec, Puebla, México, afirmó que “correr es mi vida, me hace sentir libre”.

Actualmente se ubica entre los 10 corredores más rápidos del mundo en su grupo etario.

Memo cruzó la frontera indocumentado hacia EEUU. “Vine a trabajar”, dijo.

En 1995 corrió su primer maratón y al año siguiente, cuando fue arrestado por estar indocumentado, pensó que todo había terminado y sería deportado.

Pero logró pagar una multa y el juez le dio una oportunidad, que concretó con la ayuda de un abogado de inmigración.

En 2005 pudo naturalizarse, lo que a la larga le permitió convertirse en el 2do estadounidense más rápido en su grupo de edad, tras registrar 2:28:42 en el maratón de Boston, en abril de este año.

Corriendo para atrás

Diego Polino, mexicano de 33 años será el primer hombre que intente completar los 42km de la Gran Manzana corriendo hacia atrás. Implantando el  retrorunning a la carrera más famosa del universo.

 “Es una manera de avanzar en la vida sin ver los obstáculos”, apunta Polino al otro lado del teléfono. Y excavando, la historia empieza como la de cualquiera.

El niño de Guadalajara, en Jalisco, que a los 8 años empieza a practicar deporte, marcha atlética, pero no brilla como para poder vivir de ello.

Consigue una mejor marca de 1 hora y 30 minutos en los 20km, a 10 minutos de la élite mundial, y pierde la motivación.

Mantener la mirada hacia atrás en la salida, con la cabeza girada a la altura del hombro, es su estrategia para no chocarse.

Es el tramo más complicado, hasta que el camino se despeja.

Y luego, cada cierto tiempo, Diego Polino mira hacia atrás, toma una rápida foto mental de por dónde circula el resto y juega así con el espacio, el tiempo y la velocidad en la cabeza. 

En Nueva York el peligro se multiplica. Correrá en una masa que nada tiene que ver con los 12.000 atletas de la carrera más multitudinaria que ha corrido en su ciudad. De hecho, le ha costado que le dejaran participar así.

Ha tenido que negociar con las autoridades del Major para que finalmente le dejen salir en la primera de las tres olas de corredores populares tome la salida.

Corriendo por un sueño

Raúl Asención nacido en Caracas, se concentra en lo bueno de su vida y eso le impulsa a seguir avanzando.  

Luego de abandonar su país por la situación política que viven los venezolanos.

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Asención, quien ha corrido de forma regular toda su vida, vio la oportunidad de completar la carrera tras llegar a Nueva York.

Participó en el maratón como miembro del equipo de Caridades Católicas, una federación de agencias y programas en los 10 condados de la arquidiócesis de Nueva York que se dedica a ayudar a neoyorquinos que lo necesitan.

Para él, correr el maratón fue un sueño que cumplió tras haber pasado una dura etapa de su vida en su país natal, del que se vio forzado a huir con sus tres hijos el año pasado.

Ahora trabaja en la construcción junto a sus dos hijos gemelos de 20 años y otro de 19 y vive en Yonkers, a las afueras de Nueva York.

Los cuatro están embarcados en el largo proceso de solicitud de asilo en las cortes de inmigración.

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