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200 millones por la cabeza del CEO de WeWork

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Tan solo en 41 días pasaron para que todo se derrumbara para WeWork.

Una simple decisión desencadenó una serie de tropiezos que acabaron con el castillo de naipes que Adam Neumann había construido a lo largo de casi una década, en su empresa WeWork.

El pasado 24 de septiembre, Neumann aceptó renunciar a su cargo, tras la fallida salida a bolsa de la compañía, que se esperaba para septiembre. 

Su liderazgo y comportamiento fueron banco de críticas de los accionistas, tal como describió iProUP.

Esta noticia coincide con las negociaciones entre el consejo directivo de WeWork y el banco japonés Softbank para valorar la toma de control de WeWork por la institución financiera nipona.

WeWork

El ex CEO recibirá por parte de SoftBank u$s1.000 millones por sus acciones, u$s185 millones en concepto de consultor y le ofrecerá otros 500 millones en crédito para ayudarle a pagar sus deudas con el banco JPMorgan, según informa EFE.

WeWork, que arrienda y posee espacios en edificios de oficinas y luego alquila escritorios y salas a sus clientes, ha recaudado más de US$12.000 millones desde su fundación hace nueve años y nunca ha obtenido ganancias.

La compañía neoyorquina tenía una fecha límite para completar una salida a bolsa exitosa a fin de año, con el objeto de obtener un préstamo de US$6.000 millones, además de al menos US$3.000 millones en capital que WeWork habría recaudado en la OPI.

La dura caída

Por su personalidad Neumann se convirtió en uno de los principales obstáculos de la empresa: si bien puertas afuera es cultor de la “pasión” y el “propósito” como los principales drivers del trabajo, lo cierto es que en los confines de sus oficinas es una persona muy distinta.


Pedir que cada año despidan al 20% del personal, repartir shots de tequila luego de realizar esas cesantías o tomar alcohol durante entrevistas laborales.

Todo esto forma parte de la lista de anomalías que pueden contarse. 

WeWork

Claro que se vio obligado a cambiar algunas cuestiones. “Adam solía creer que el miedo era algo positivo, pero se dio cuenta que no era efectivo.

Ahora entiende que tratar a las personas con respeto y estimularlas con energía positiva da mejores resultados”, apunta McKelvey, director de comunidad de WeWork.

A esas actitudes, que descolocaban a propios y ajenos, se le sumaron algunas prácticas profesionales que no convencían del todo al directorio y los inversores.

Por caso, su esposa Rebekah Paltrow, tenía voz y voto en la firma para elegir al próximo CEO en caso de que su pareja no siguiera al mando. 

Además, se descubrió que varias de las propiedades que arrendaba WeWork eran, en parte, propiedad de Neumann. “Lo hice simplemente para impulsar el negocio.

Si yo no uso mi propio dinero, ¿por qué otros dueños de propiedades iban a tener el coraje de comprar?”, se defiende.

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La gota que rebalsó el vaso fue el formulario S-1 presentado ante la SEC para que WeWork pueda realizar su oferta pública de acciones. 

Este documento desnudó los verdaderos números de la empresa, además de contratos que implicaban a Neumann y el poder que este acumularía tras el debut en Nasdaq.


Ante el poco interés de varios potenciales inversores, el board tomó una serie de decisiones, como reducir a 10 votos por acción la participación de su entonces CEO, remover a su esposa de las decisiones y limitar la cantidad de títulos que podía vender tras el debut bursátil, ya que en los últimos meses se había desprendido de u$s700 millones en acciones.

Un caso curioso fue el rebranding de la firma en enero de 2019, cuando pasó a llamarse We Company.

Por eso, tuvo que pagarle casi u$s6.000 millones en acciones a Neumann ya que tenía el derecho de uso de marca de la palabra ‘We’. 

Esto también salió a la luz por la documentación presentada a la SEC. Ante la ola de críticas, tuvo que  devolver la suma.

Una buena idea, pero en rojo

El modelo de negocios de WeWork está basado en dos pilares: arrendar espacios en edificios por largo tiempo para ser utilizados por la marca, generarle valor agregado a esos lugares y luego sub-alquilarlos por corto plazo a emprendedores, compañías y personas que quieran utilizarlos. 

A sus inquilinos los llama ‘miembros’ y, según sus propios fundadores, la meta final es que entre ellos se ayuden, se vuelvan mejores y sus proyectos evolucionen al colaborar.

Justamente, al poco tiempo de fundada la firma, crearon WeWork Labs, una incubadora para apoyar a algunos de sus miembros.

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Primero fue Nueva York, luego Los Ángeles y más tarde San Francisco. Mientras, los inversores tocaban a su puerta interesados en su estrategia.

En 2014 comenzó la expansión internacional con la apertura de un espacio en Londres. 

América latina recién aparecería en el mapa en 2017 con la inauguración de las oficinas en San Pablo.

WeWork desembarcó en Argentina a mediados de ese año, cuando levantó la persiana de los pisos en la Torre Bellini. Actualmente, posee alrededor de 528 espacios en 29 países. 

Hace dos años llegó la inyección financiera que necesitaba para potenciar su crecimiento. Masayoshi Son, CEO de SoftBank, le había prometido a Neumann que realizaría un tour por los headquarters de innovación de la compañía en Nueva York.

Sin embargo, el empresario japonés llegó tarde y le avisó que solo tenía 12 minutos. 

En ese lapso solo alcanzó a visitar el centro de I+D, pero fue suficiente. Son invitó al director ejecutivo de WeWork a su auto, donde bosquejó rápidamente en su tablet un acuerdo de desembolsos, que incluía uno inicial de u$s3.000 millones para la compañía y otros u$s1.400 millones para expandir la marca al mercado asiático.

WeWork

WeWork llegó a valer más de u$s47.000 millones, pero Neumann insistía con que esto no tenía que ver con sus números sino con su “energía y espiritualidad”. 

Sin embargo, en los papeles, la firma era una máquina de perder dinero.

Si bien entre 2016 y 2018 consiguió aumentar su facturación un 300% (de u$s429 millones a u$s1.800 millones), su rojo también continúa aumentando. 

El año pasado perdió u$s1.600 millones y en los primeros seis meses de 2019, otros u$s700 millones. Para peor, desde la compañía aseguran que no cuentan con un plan para revertir esta situación.

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