Música

Jay Z cumple 50 años convertido en multimillonario

Shawn Carter mejor conocido como el rapero Jay-Z celebra medio siglo convertido en todo un multimillonario y leyenda del hip-hop.

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Jay-Z cumple 50 años convertido en el tercer afroamericano más rico del mundo (después de Oprah Winfrey y Michael Jordan).

Además de ser uno de los raperos que más discos ha vendido de la historia (sus ventas se estiman en más de 75 millones) y en un brillante hombre de negocios.

Posee –entre otras cosas– una discográfica, una cadena de restaurantes, una marca de moda, una compañía tecnológica, parte de un equipo de la NBA (los Brooklyn Nets), una parte importante del accionariado de Uber y la plataforma de streaming Tidal, que no sin cierta polémica y algunos errores de cálculo lleva cinco años intentando comerle terreno a Spotify.

Según publicó Forbes este pasado verano, la fortuna de Jay-Z se estima en unos mil millones de dólares (900 millones de euros).

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Es de sobra conocida la leyenda de que entra a grabar sin haber escrito una sola línea sobre el papel.

Su talento le ha llevado muy alto. Más incluso de lo que él mismo preveía.

En 2005, cuando en una entrevista con la revista GQ le sugirieron que su fortuna podía alcanzar los 350 millones de dólares, él se rió:

“No sé de dónde sacáis esas cifras. ¡Ojalá alguien me diera algo de ese dinero!”.

Puede que fuera una táctica para distraer la atención. O puede que simplemente no se imaginara que, 14 años después, iba a convertirse en el primer rapero capaz de sumar una fortuna valorada en 1.000 millones de dólares, según los cálculos de la revista Forbes.

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Union poderosa

Además, desde hace 11 años está casado con la mega estrella  Beyoncé y el padre de sus tres hijos: Blue Ivy (siete años), Rumi (dos años) y Sir (dos años).

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La superpareja creada por Beyoncé y Jay-Z confirman la fórmula de que uno más uno es igual a tres, o sea, que el valor de ellos dos unidos es mucho mayor que la suma de lo que vale cada uno por separado.

Las dos giras conjuntas que han protagonizado (On the run, en 2014, y On the run II, en 2018) han recaudado conjuntamente 327 millones de euros.

El matrimonio más poderoso del mundo de la música comenzó a fraguarse en 2003, cuando Jay-Z le prestó a Beyoncé una de sus rimas para Crazy in love, el tema con el que la cantante presentó su candidatura a diva del pop.

Después llegarían más colaboraciones musicales, su boda, en 2008, los tres hijos que tienen en común y también el escándalo de las infidelidades de él.

Famosos por ser celosos de su intimidad, la propia Beyoncé sorprendía al mundo al revelar en su último álbum, Lemonade (2016), que su marido le había sido desleal.

Y que ella había decidido perdonarle. “Hace unos años hice algo que no debería haber hecho. Es mi culpa y mi responsabilidad, pero hemos trabajado para estar en un lugar mejor “, confesó él en una entrevista el año pasado con David Letterman.

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En la misma conversación habló de cómo su madre, Gloria, le había confesado que era homosexual: 

“Se sentó frente a mí y me dijo: ‘Creo que amo a alguien’. Y yo lloré, estaba feliz porque ella fuera finalmente libre”.

Ella misma cuenta en uno de los temas del rapero cómo supo del talento de su hijo nada más nacer:

“Fue el último de mis hijos y el único que no me provocó dolores cuando di a luz. Así es como supe que era un niño especial”.

Sobreviviendo en el vecindario

Jay-Z nació y creció en Marcy Houses, un proyecto de viviendas de protección oficial en Nueva York donde el ruido de la música de Michael Jackson que escuchaba insistentemente en su casa se mezclaba con el de las ambulancias y las sirenas de policía que llegaban por la ventana.

Era un chico de barrio, pero también le encantaba leer y escribir versos. Cuando tenía once años su tío fue asesinado y su padre abandonó a la familia tras hacerse adicto a las drogas.

Cuando tenía doce, y según él mismo rapeó en You must love me (1997), disparó a su hermano en un hombro por robarle unas joyas.

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Marcy Houses era uno de los lugares más peligrosos de Estados Unidos y en los ochenta una droga como el crack campaba a sus anchas por el barrio. Según el artista confesó a la cadena CBS en 2002, “o te lo metías o lo vendías”. Y él eligió lo segundo.

En el largo reportaje que Vanessa Grigoriadis firmó para la edición estadounidense de Vanity Fair en octubre de 2013, Jay-Z entró en detalles sobre ese episodio de su vida, con un tono descriptivo y casi lírico que explican por qué es uno de los mejores raperos de su generación y por qué se ha hecho célebre por no apuntarse las letras cuando graba sus canciones, soltándolas de memoria en su lugar.

“En la era de Reagan el crack estaba en todas partes. Simplemente te envolvía. Vivíamos una situación difícil, pero mi madre se las arreglaba, hacía malabares.

A veces pagábamos la factura de la luz, a veces la del teléfono, otras veces nos quedábamos sin gas. No pasábamos hambre, estábamos bien. Pero luego había cosas como no querer pasar vergüenza en la escuela si llevabas las zapatillas sucias o la misma ropa una y otra vez.

Y el crack estaba en todas partes, era inevitable, no había lugar al que pudieras ir para aislarte de él. Salías al pasillo y estaban los drogatas allí. Mirabas a los charcos en los bordillos de la acera y veías los viales de crack. Podías olerlo, ese olor pútrido. No puedo explicarlo, pero todavía me viene a la mente cuando pienso en ello”.

En la misma entrevista, Carter pasa a explicar que durante su adolescencia (“quince, dieciséis años”) su madre sabía que estaba vendiendo droga, pero que era común por aquel entonces.

“Alguien podría pensar: ‘¿Cómo dejas que tu hijo…?’. Pero te lo repito, era lo normal”. Jay-Z recordó cómo muchos de sus amigos que también lo hacían fueron asesinados o acabaron en prisión.

Pero mientras muchos de ellos solo vendían droga para sobrevivir, Carter demostró tener ya visión empresarial en un mundo tan oscuro: en vez de vender el crack en su barrio decidió irse a Trenton, Nueva Jersey.

“Allí el precio se duplicaba o triplicaba. Así que tuve más éxito que el tipo que se quedaba vendiendo frente a mi edificio”, explicó.

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“El crack estaba en todas partes, era inevitable, no había lugar al que pudieras ir para aislarte de él. Salías al pasillo y estaban los drogatas. Mirabas a los charcos en los bordillos de la acera y veías los viales de crack. Podías olerlo en los pasillos, ese olor pútrido”

Fue un episodio de honestidad brutal: uno de los hombres más ricos de la industria musical no solo se negaba a pedir perdón o caer en un mea culpa victimista por su pasado como narcotraficante: también explicaba que precisamente eso le ayudó a comprender los mecanismos de la economía.

“Viví muchas cosas en la calle que me ayudaron en el negocio de la música, aprendí qué tipo de personas no tener a mi alrededor”.

Al final, con los ahorros que le habían brindado ese tipo de vida, Jay-Z decidió dejar de vender droga (que, afirma, él jamás consumió) y apostar por la música.

A la conquista de New York y el mundo

Aquí llega otro de los hallazgos que hicieron a Jay-Z millonario: desde el principio tuvo claro que era mejor tener tu propia compañía que ser una parte ínfima de otra.

Así que al principio de su carrera, en 1995, como ningún sello lo fichaba, fundó con un amigo (Damon Dash, hoy también millonario) Roc-A-Fella Records.

Comenzaría así una carrera brillante en el mundo del rap y también la convicción de que siempre es mejor ser el dueño de tu pequeño imperio. Jay-Z no hizo una línea de ropa para un gigante textil, sino que creó su línea, Rocawear. 

Tampoco fue la imagen de un coñac, sino que creó el suyo, D’Ussé. Y no compró Spotify: prefirió ser dueño de Tidal.

El éxito no evitó que algunos episodios violentos siguiesen teniendo lugar en su vida, como si la sombra del lumpen nunca se hubiese ido del todo aunque ahora tenga mansiones en Los Ángeles, en Nueva York y en los Hamptoms.

“Cuando entras en un lugar, tu currículum entra contigo. Así que todavía hoy [en 2013] cuando entro en un sitio aún se siente esa cosa de: ‘Mira, es Jay-Z, el que fue traficante en Marcy Projects”.

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En 1999 Carter, ya un rapero de éxito, fue detenido por la policía y acusado de apuñalar a un ejecutivo discográfico (Lance Rivera) en un club neoyorquino.

Al parecer, sospechaba que Rivera estaba distribuyendo copias piratas de su álbum Vol. 3… Life and Times of S. Carter, que aún no se había publicado.

Rivera no falleció: fue tratado esa misma noche por heridas en un hombro y el abdomen y ha continuado su carrera como productor. En sus memorias, Decoded (Descodificado), publicadas en 2010, admite lo que ocurrió:

“Antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo me lancé hacia él, cegado por la ira. Lo siguiente que supe que se había desatado el caos en el club”. Fue sentenciado a tres años de libertad condicional.

Su relación con Beyoncé también ha alimentado a los tabloides, pese a que la pareja siempre ha apostado por la discreción excepto en el escenario, donde es habitual verlos juntos.

En 2014 se hizo mundialmente famoso un vídeo en el que Solange (hermana de Beyoncé, también cantante y para algunos mejor que ella) agredía a Jay-Z en un ascensor sin que Beyoncé, testigo en el mismo ascensor, hiciese nada para evitarlo.

Y en 2016 Beyoncé cantó en uno de los temas de Lemonade (en el siglo XXI el pop será confesional o no será) sobre una tal “Becky, la del pelo rubio” con la que, supuestamente, Jay-Z le habría sido infiel.

Él mismo lo admitió en las páginas de The New York Times en 2017. También que la terapia les había ayudado a salvar su matrimonio.

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La historia de Jay-Z es, pues, una de finales felices. Tras la infidelidad, un matrimonio reforzado.

Tras el narcotráfico, una carrera de éxitos (legales). Tras la violencia, una carrera llena de letras contra el uso de la fuerza. Y esto a los 50. Es difícil calcular dónde llegará antes de la edad de jubilación.

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