Ciencia

¿Podría un un acelerador de partículas destruir la Tierra?

Luego que el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares, anunciara sus planes para construir un nuevo acelerador de partículas, parece oportuno volver a preguntarse por la seguridad de esas gigantescas máquinas.

Se trata de las mayores maquinarias jamás construidas por el hombre.

Capaces de triturar los componentes de la materia y de reproducir condiciones que no se conocían en el Universo.

El nuevo acelerador, como ya publicó ABC, tendrá una circunferencia de 100 kilómetros, frente a los 27 kilómetros del actual LHCalc.

Además alcanzará una energía de colisión de 100 Tev (Teraelectronvoltios) contra los 14 Tev a los que es capaz de llegar el acelerador actual a su máxima potencia.

El profesor de Cosmología de la Universidad de Cambridge y uno de los cosmólogos más prestigiosos de nuestro tiempo, Martin Reese explica en su libro: On The Future: Prospects for Humanity, las tres formas en que un gran acelerador de partículas, como el LHC o el Futuro Colisionador Circular (FCC) podría destruir por completo la Tierra.

 

1) El agujero negro

agujero negro acelerador de particulas

El primer escenario se daría si un acelerador, durante su actividad, diera lugar a la aparición de un agujero negro.

“Podría ser que se formara un agujero negro -escribe Rees- y que empezara a tragarse todo lo que tiene alrededor”.

Si algo así sucediera realmente, todo nuestro mundo sería absorbido en cuestión de minutos, y donde una vez estuvo la Tierra solo quedaría un agujero negro dispuesto a seguir devorando todo lo que encuentre.

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2) Los “strangelets”

Los strangelets acelerador de particulas

“La segunda posibilidad – prosigue el cosmólogo- es que los quarks (los componentes básicos de partículas como protones y neutrones) se volvieran a ensamblar en otros objetos densamente comprimidos llamados “strangelets”

Según Rees , “ese hecho, en sí mismo, resultaría inofensivo.

Sin embargo, según algunas hipótesis, un strangelet podría, por contagio, convertir cualquier otra cosa que encuentre en una nueva (y exótica) forma de materia, transformando toda la Tierra en una esfera hiperdensa de apenas unos cien metros de diámetro”.

Lo cual vendría a ser, más o menos, el tamaño de un campo de fútbol.

 

3) Un desgarro en el espacio-tiempo

huella digital en el espacio

Para Rees, en efecto, la tercera forma en que un acelerador de partículas podría destruir la Tierra sería, si cabe, mucho peor, ya que se trataría de “una catástrofe que se tragaría el espacio mismo”.

“El espacio vacío, o lo que los físicos llaman ´vacío´, es en realidad mucho más que la nada.

Es el escenario de todo lo que sucede.

Y tiene, latentes en su interior, a todas las fuerzas y partículas que gobiernan el mundo físico. Pero ese vacío podría resultar ser frágil e inestable».

«Algunos -sigue escribiendo el cosmólogo- han especulado con el hecho de que la energía concentrada que se crea cuando las partículas chocan entre sí (en un acelerador), podría desencadenar una ´transición de fase´que rasgaría el tejido del espacio.

Y eso sería una calamidad cósmica, no solo terrestre”.

 

4) Un poderoso acelerador de partículas podría no representar ningún peligro

¿Podría un un acelerador de partículas destruir la Tierra?

El Grupo de Evaluación de Seguridad del LHC (LSAG) se mantiene firme en sus conclusiones de 2003.

Asegura que el gran colisionador “no representa un peligro y no hay motivo para la preocupación”.

Uno de los argumentos del LSAG es que la propia Naturaleza ha hecho, durante la dilatada historia del Universo, una y mil veces lo mismo que los aceleradores hacen cuando los físicos llevan a las partículas a chocar en su interior.

Y nunca le ha sucedido nada a la Tierra.

Los rayos cósmicos que bombardean continuamente nuestro planeta son, básicamente, versiones naturales de lo que los aceleradores están haciendo.

El propio Stephen Hawking estaba convencido de la absoluta seguridad de estas máquinas gigantescas:

«Las colisiones que liberan la mayor cantidad de energía -dijo en una ocasión el genial físico británico- ocurren millones de veces al día en la atmósfera terrestre (en referencia a los ya citados rayos cósmicos», y no ha pasado nada terrible”.

Con respecto a los strangelests, la cuestión ya se suscitó en los Estados Unidos en el año 2000.

Justo antes de la puesta en marcha del Relativistic Heavy Ion Collider (RHIC), una de cuyas misiones era, precisamente, encontrar esas extrañas partículas de materia exótica.

Tras casi una década en funcionamiento, sin embargo, no apareció ni una sola de ellas.

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Isabel Cisneros